miércoles, 4 de abril de 2012

Otoño


Tener visión para las cosas simples, los detalles que vuelven extraordinario lo cotidiano. Corrernos de los lugares conocidos para poder captar lo diferente, las señales. Ser como la tierra, permeables para dejarnos penetrar por otras culturas, historias y costumbres, para ser fecundados y dar nuevos frutos, nuevas flores. Ser curiosos para explorar otros mundos, otras dimensiones, aventurándonos a un sentido que surge de vivencias de contacto, de encuentros humanos. Viajar. Apelar a nuestro primitivo ser nómade para reinventarnos en paisajes extraños, para saber de qué somos capaces. Estar dispuestos a desprendernos de lo que no nos deja crecer, para continuar el viaje. Cantar lo que somos. Narrarnos. Usar los sentidos como si fueran nuevas ventanas al mundo.

                                                               María Cristina Falcone

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