Estar en el mundo sin tratar de explicarlo, sin especulaciones,
con sencillez. Vivir en lo cotidiano los misterios de la existencia.
Dejarnos ir de un milagro a otro. Recobrar el poder de la metáfora,
la poesía, la anécdota. Permitirnos tejer historias desde la
intuición para hacerle espacio a lo desconocido. Tratar de hacer
silencio para escuchar aquello que la vida nos muestra con suavidad,
como susurrándonos. Estar disponibles, rendirnos ante lo infinito.
Darle espacio al corazón. Saborear las palabras. Dejarnos
transformar por el amor. Abandonar los puntos de vista para ser
libres. Enamorarnos de la vida.

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